¿Dónde está la naturaleza?

Los temas ambientales están a la orden del día y cada vez más —o eso quisiéramos—somos más conscientes de lo determinante que es el equilibrio de la naturaleza para la vida humana. Sin embargo, las formas de vida que plantea lo urbano y los modelos de desarrollo económico que hemos implementado, generan claramente una relación de tensión con la misma. La ciudad, entendida como una materialización de presupuestos que nos remiten a la modernidad, representa la racionalización y la objetivación de la naturaleza. La idea de dominio sigue presente pese a que la naturaleza cada día nos muestra que no somos más que un pequeño punto en el universo. El antropocentrismo moderno que aún pervive, obvió el ínfimo lugar que tenemos en la inconmensurabilidad del cosmos, y que se pone de manifiesto cuando nos sentimos indefensos ante su furia, cuando se presenta una catástrofe natural o cuando somos conscientes que las consecuencias de los daños ambientales son democráticas y no discriminan ni por nacionalidad, raza, género u orientación sexual.


La naturaleza a todos parece importarnos pero, ¿por qué existen tantas dificultades de ser consecuentes con lo que se piensa y con lo que se hace? Ser conscientes, por ejemplo, de los daños en el entorno natural y vivir una vida de consumo, estar de acuerdo con causas ambientalistas pero lo único que se hace para apoyarlas es un me gusta en Facebook o firmar una petición online, o creer que un estilo de vida alternativo mediado por el consumo está contribuyendo al cambio, la tendencia ahora tan de moda de la vida sana o la obsesión por los productos orgánicos. Pensar la relación con la naturaleza engloba muchos fenómenos y acciones en relación a la posición que establecemos frente a la manera que pensamos, sentimos y actuamos, que tiene consecuencias directas o indirectas en la relación que establecemos con eso que algunos llaman naturaleza o Pachamama, Gaia o Madre Tierra. El día a día nos recuerda como somos parte constructiva de ella. La naturaleza ya no eso que “está fuera de nosotros”, somos naturaleza.


Partiendo de estas reflexiones nos interesan propuestas que cuestionen los esquemas de construcción de realidad, que evidencien que la relación con la naturaleza es una construcción social, que problematicen la forma en que dicha relación es asumida per se. Obras que la miren como un proceso mediado por imaginarios diversos, que cuestionen su cosificación y objetivación o que hagan un comentario sobre fenómenos que la ciudad genera en el entorno natural. En definitiva, buscamos obras que sumen miradas y perspectivas que nos ayuden a pensar un tema de vital importancia en nuestro presente. Los actuales y reiterados daños ambientales, que resultan premonitorios y casi apocalípticos, nos inducen a vivir con una sensación de inminente riesgo, tal como lo planteaba hace un par de años el sociólogo alemán Ulrich Beck. Esta situación, nos invita a reflexionar en los procesos más que en los hechos, ¿qué hay detrás de una catástrofe? Es decir, más allá de lo que vemos ―contaminación, escasez y explotación de recursos, extinción, etc.― la pregunta es ¿cómo llegamos allí? Queremos despertar la duda, la sospecha, el pensamiento crítico, explorar las múltiples relaciones que pueden ser vinculadas con un tema tan vasto e importante como el que proponemos.

Paola Peña.

Curadora independiente

Artistas:

La exposición contó con los trabajos de las siguientes artistas de Ecuador y Colombia Alejandra Bueno (ECU), Ana Cristina Vásquez (ECU), Andrea Vivi Ramírez (ECU), Angélica Alomoto (ECU), Clara Hidalgo (ECU), Camila Botero (COL), Dayana Garrido (ECU), Diana Gardeneira (ECU), Gabriela Portaluppi (ECU), Karina Cortez (ECU), Juliana Montesdeoca y Pala Minga (ECU), Marcela Orellana (ECU), María Salazar (ECU), Michelle Sarabia (ECU), Natalia Castañeda (COL), Rosa Jijón (ECU), Pilar Flores (ECU), Suamy Vallejo (ECU), Colectivo Trans-meat (ECU- EEUU), ​Paragraph

Volver arriba